Tribuna Juan Carlos Rodriguez, Chief Risk and Actuarial Officer de CHUBB América Latina

En años recientes, hemos visto historias exitosas de compañías como Amazon y Netflix que han aprovechado las ventajas de la tecnología y la era digital para incrementar su participación de mercado y el retorno a sus inversores. No es sorprendente que las compañías de seguros también busquen introducirse en el mundo digital para maximizar su valor, pero ¿qué implicaciones tiene la era digital en una industria que es típicamente considerada como tradicional y conservadora?

  • La era digital trae a las compañías de seguros la necesidad de analizar la apertura de nuevos canales de distribución y la mejora de los ya existentes, diseñar nuevos productos, mejorar sus capacidades analíticas, considerar cambios en el modelo de tercerización y ponderar esquemas de prevención, además de productos tradicionales indemnizatorios. Asimismo, las posturas tradicionales de las compañías de seguros tienen que tornarse más tolerantes a los errores y a ser más ágiles a implementar cambios tácticos para incorporar las lecciones aprendidas.



    La introducción de nuevos canales, productos, plataformas y aliados comerciales definitivamente cambiará el perfil de riesgos de las aseguradoras quienes deberán mejorar sus capacidades de tarificación para proveer productos altamente personalizados, minería de datos y atención de reclamaciones, al mismo tiempo que evaluar sus mecanismos de mitigación y control principalmente ante los crecientes riesgos legales y de contraparte, regulatorios, cibernéticos y de fraude.



    Nadie ha dicho que sea fácil, particularmente en un mundo que demanda inmediatez y en el que varios jugadores llevan ventaja, pero también es uno que, además de traer riesgos, abre oportunidades. La oportunidad de éxito en la era digital no radica solamente en estar en la vanguardia tecnológica; las compañías exitosas serán aquellas que tengan un liderazgo responsable y equipos talentosos, habilidad de adaptación, solidez financiera y un adecuado programa de administración de riesgos, pero sobre todo, aquellas que pongan a sus clientes como el genuino eje de su estrategia y actividades.

     

    Es importante que la conversión a la digitalización no sea vea como un fin en sí y que no se pierda de vista que al final de la cadena de valor hay un consumidor cada vez más sofisticado, cuyas preferencias y necesidades deber ser satisfechas.