(O el deber de ajustar estrategias para lo que está por venir)

Por Hernán Poblete Miranda

Director Ejecutivo de IMR

Hernán Poblete Miranda

Hernán Poblete Miranda

Hernán Poblete, es Diretor Ejecutivo de IMR, consultora de investigación social, especializada en comunicación estratégica.

La Industria de Seguros precisa adelantarse al impacto que tendrá el fenómeno de la Longevidad. Necesita prepararse desarrollando nuevos productos y servicios, además de entrenar a sus fuerzas de ventas para atender a los millones de personas que retornarán en masa al mercado laboral, después de los 65 años.

Mi padre trabajó toda su vida. Hoy tiene 92 años y se jubiló dos veces. La primera vez a los 65 años, la segunda, a los 85. Desde que empezó a trabajar allá por la muy lejana década de 1940, cuando comenzó a contribuir y a ahorrar para la jubilación. Se inició como asistente en el área de operaciones en la desaparecida Compañía Aseguradora Organización Kappes, en Santiago. Y como la mayoría de la gente de su generación, “trabajó toda su vida” hasta retirarse a los 65 años.

Pero un par de factores lo hicieron considerar su reingreso al mercado laboral: perdió un trabajo en el que estaba a los 60 años y se dio cuenta que aquello que él llamaba “toda su vida”, no había concluido .… Aún le quedaban todavía muchos años por delante.

A los 65 años comprendió que la jubilación tampoco iba a alcanzarle para cubrir lo que ambos con mi madre necesitaban, mucho menos quería sentirse un “inútil” cuando muchos de sus compañeros de generación continuaban trabajando y “produciendo”, como él solía decir.

El cruce entre la historia de mi padre y mi trabajo se produjo en 2012, cuando me llamaron de Rio de Janeiro para realizar lo que terminaría siendo mi primer estudio intersectorial sobre tercera edad y transporte público. Mientras vivía la experiencia de la segunda jubilación de mi viejo, debía observar y entender la relación que se producía entre ancianos y choferes de micro en la Cidade Maravilhosa. También, una magnífica oportunidad para trabajar junto a expertos como Roberto da Matta o el doctor Kalache.

Además, podía estudiar en profundidad la experiencia de miles de ancianos que a diario se desplazaban por la ciudad en micro, a destinos variados, como a sus lugares de trabajo. El resultado: diagnóstico reservado, precipitando a grave, y con altas probabilidades y riesgo de empeorar los próximos 10 años. El sistema de transporte no podía acoger las necesidades de los ancianos de la ciudad, pues estaba en una evidente crisis .

Además del diagnóstico y de una idea para la solución del problema, surgió una nueva arista relacionada con el tema de mi padre, ya con 92 años: la necesidad de cuidados cada vez mayores y la pérdida aguda de funciones de movilidad urbana (los últimos cinco años ha ido perdiendo en forma progresiva su capacidad de moverse en forma autónoma, debido a mareos y disminución del equilibrio, volviéndose  cada vez más frágil).

El año pasado, impulsado por la experiencia de Rio y la necesidad de conocer más a fondo el proceso de longevidad de mi padre, solicité el apoyo de Bradesco Seguros para explorar 6 ciudades de norte a sur de Brasil. El objetivo era buscar antecedentes que permitieran  definir mejor el nuevo perfil socio-económico y caracterizar de forma técnica la nueva edad que habíamos detectado.

El hallazgo principal resultó ser una nueva visión de la longevidad, a partir  de la economía, y mediante un modelo que estructura y opera sobre los nuevos segmentos de edad que se van a originar en forma masiva. Uno de ellos, aquel que mi padre representa.

No debemos olvidar que vivimos una época de transformación acelerada y el fenómeno que concita la Longevidad, traerá consigo una revolución en las conductas laborales y educativas. Esto es clave, pues cada actor del sistema productivo debe preguntarse que rol le compete en la gestación de ese fenómeno y como deberá estructurar mejor sus estrategias de adaptación.

Es pronto aventurar una previsión más compleja sobre lo que está por acontecer, pero todo indica que el efecto será repentino y profundo en ámbitos tan diversos como patrones de consumo o nuevas exigencias de servicios y productos. Caídas tan drásticas como la natalidad tendrán impacto en las empresas que no sepan adaptarse y ajustar sus estrategias. Correrán el riesgo de desaparecer.

Una de las más vulnerables será la industria de servicios financieros, y en particular las aseguradoras, porque la longevidad es un riesgo que posee un gran impacto en su negocio. En Brasil, por ejemplo, el actual modelo de planes de salud está siendo impactado en forma drástica por los cambios demográficos. Esta industria precisa adelantarse al impacto que está por venir y prepararse con productos y servicios, además de entrenar a sus fuerzas de ventas para atender a los millones de personas que retornarán en masa al mercado laboral, después de los 65 años.

Según ha avanzado la genómica, probablemente usted que me lee, llegará a vivir hasta los 100 años, produciéndose en su vida, luego de jubilar, la necesidad de acceder a un segundo ciclo educativo y a una segunda etapa de actividad laboral que durará entre 20 y 25 años.

Sí; parece difícil de creer, ¿o no? Si alguien me hubiera dicho hace unos años atrás que luego de jubilarme tendría que ingresar nuevamente al sistema laboral para trabajar 20 años más y juntar dinero para costear los cuidados que serían necesarios para mi último tramo de vida, no le habría creído.

Ahora que veo a mi padre, me doy cuenta que además de ser un viejo guerrero dando sus últimos pasos en esta vida, él ha sido un verdadero paradigma todos estos años. No se ven todos los días viejos como este, curtidos por los años y llenos de una experiencia de vida increíble: es de la generación del 23 y se ha jubilado dos veces… Pero a medida que pasen los años, este grupo de personas que mi padre representa se incrementará de manera acelerada y serán una tendencia y un dolor de cabeza para gobiernos e instituciones económicas y financieras, si no existe un plan eficiente que los acoja y entregue soluciones estructurales acordes con su realidad.

De hecho, seremos parte de dichos segmentos.