De acuerdo al informe de Microinsurance Network llamado “El panorama del micro seguro en América Latina y el Caribe 2017”, a fines de 2016 alrededor del 8,2% de la población latinoamericana tuvo al menos una póliza de microseguro, lo que representa un total de 52,1 millones de personas aseguradas y un volumen de primas de 420 millones de dólares.

El mercado de microseguros está compuesto principalmente por seguros de vida, en especial los seguros que cubren los saldos deudores. Actualmente, las instituciones financieras son el principal canal de distribución de los microseguros. Entidades bancarias focalizadas en actividades de micro emprendimientos -ya sean servicios, manufacturas o actividad agropecuaria, instituciones micro financieras y cooperativas o mutuales- se llevan gran parte de este mercado.

Pero el desarrollo de estos nuevos productos requiere del esfuerzo conjunto de compañías de seguros, reaseguros y entidades internacionales. Por ejemplo, en Guatemala se lanzó a principios de 2017 un producto paramétrico orientado a proteger los préstamos otorgados para desarrollar actividades productivas de una institución financiera, mediante el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Agencia Suiza de Cooperación y el reasegurador Swiss Re.

Los esfuerzos para lograr productos adecuados que brinden soluciones a este segmento de la población también requieren de uno adicional de parte de los organismos reguladores de la actividad aseguradora en cada país. A veces, se trata de productos disruptivos, que requieren de mucho entendimiento con estos entes para lograr su aprobación. Varios son los países que ya están trabajando en esta dirección, como Guatemala, El Salvador, Perú o Argentina.

Un gran desafío es incrementar la proporción de los seguros de propiedad dentro del mercado de microseguros. Para lograr este objetivo, es necesario desarrollar productos que sean accesibles para los segmentos más bajos de la población. Y para esto los seguros tradicionales son muy costosos; requieren de un proceso de suscripción para cotizar cada seguro individual y, en caso de siniestro, se incurre en gastos de ajuste que encarecen el producto haciéndolo inviable.

Las vitudes de los seguros paramétricos o basados en índices

Una alternativa para resolver este desafío son los seguros paramétricos o basados en índices. Este tipo de seguros son suscritos en base a modelaciones de series históricas de catástrofes naturales, como por ejemplo terremotos, huracanes, sequías y/o exceso de lluvia. Por lo tanto, de acuerdo a escalas preestablecidas de magnitudes de estos eventos cubiertos, se estima una correlación con el daño que causa a los asegurados y se determina el pago de la indemnización que corresponda. Un producto de microseguros paramétrico podría establecer que, en el caso de que haya un terremoto de 7.0 grados en la escala de Richter, correspondería una indemnización del 20% de la suma asegurada, que es la estimación de los daños causados por el mismo. O que en el caso de una lluvia de determinada cantidad de milímetros caídos, por ejemplo, 150mm, se paga el 25% de la suma asegurada.

Estos seguros paramétricos, además, incorporan tecnología para el ajuste de los siniestros. Generalmente, estos programas designan una agencia cuyo objetivo es realizar el cálculo de las magnitudes de los eventos cubiertos y determinar la indemnización que corresponde. Estas agencias usan fuentes de datos internacionalmente reconocidas como el USGS de Estados Unidos para el caso de terremotos, o satélites operados por la NASA para determinar la caída de lluvia, intensidad de huracanes o sequías. Estas fuentes de datos son previamente definidas durante la definición del producto, así como las escalas de indemnización.

Las características de estos microseguros ayudan a resolver los problemas de costos de suscripción y de ajuste de reclamos, pero quedan otros temas por resolver. La definición del interés asegurable es un tema que requiere de un análisis más profundo, ya que puede suceder que ante un evento cubierto, la agencia que administra la liquidación de los reclamos determine que se debe indemnizar a un cierto asegurado, pero en realidad no se constata si hubo o no un daño físico en el riesgo asegurado.

En el caso de que ocurra un evento catastrófico, todos los habitantes de esa región sufrirán de gastos inesperados, como viajes a otras zonas más seguras, gastos de alojamiento, reparaciones en su hogar, etc. Estos seguros deben cubrir esos gastos extras en que los asegurados incurren en caso de siniestros, sin tener en cuenta si hubo o no un daño físico en su vivienda.

Si bien el camino es largo, en los últimos años se ha avanzado mucho en la creación de nuevos productos de propiedad que, mediante la incorporación de nuevas tecnologías, ha superado barreras que antes parecían infranqueables.

El gran desafío que queda es encontrar los canales de distribución adecuados, que permitan lograr escala a las compañías de seguros y atender a este mercado tan importante. Creo que la revolución digital jugará un papel fundamental en este proceso y no será dentro de mucho tiempo.

El gran desafío que queda es encontrar los canales de distribución adecuados, que permitan lograr escala a las compañías de seguros y atender a este mercado tan importante. Creo que la revolución digital jugará un papel fundamental en este proceso y no será dentro de mucho tiempo.