Los precios de seguros relacionados con sismos y maremotos podrían reflejar ajustes a la baja después de la aplicación del nuevo mapa de riesgo al cálculo de la Pérdida Máxima Probable (PMP). Es porque este indicador influye en la definición de las ‘reservas’ que las compañías de seguros hacen para garantizar los pagos frente a los siniestros futuros estimados. Desde la industria se estima que tras los estudios realizados sobre tsunamis (y próximamente también sobre sismos), al mejorar el cálculo de la probabilidad de impacto de estas catástrofes, se reduce la estimación de reservas necesarias respecto de la actual.

Considerando el cálculo de la PMP con base al nuevo mapa de riesgo de tsunami elaborado por el gremio, estas podrían descender por debajo de los dos dígitos a nivel nacional, generando un positivo impacto a la baja de los precios de las carteras de aseguradoras en las que se está reservando “más de lo necesario”, de acuerdo al riesgo real probable. Pero también puede haber algunas alzas en otras carteras, aclara el gerente de proyectos de la Asociación, Marcelo Mosso en una información de ‘Estrategia’.

“Hoy estamos sobre lo que la industria debiera resguardar”, agrega. Hacer tal precisión permite ajustar los precios de acuerdo a la probabilidad real de ocurrencia de un tsunami, así como a su estimación de consecuencias en pérdidas a causa de inundación y velocidad del impacto de las olas. La industria intercambia esta información con la SVS a fin de lograr ajustar la norma a esta nueva referencia, lo que podría tardar unos dos años en implementarse, añade Mosso.

El presidente de la ACCH, José Manuel Camposano, aprovechó sus palabras durante el discurso de la cena de periodistas para hablar de este mapa de riesgo: “A partir de las lecciones vividas, desarrollamos el primer Mapa de Riesgo Sísmico de nuestro país con expertos de Chile, Noruega, Japón y Estados Unidos. Este mapa permitirá que, por primera vez en Chile, tanto privados como autoridades, dispongan de información sobre riesgos de terremoto y tsunami, y comportamiento de los distintos tipos de suelos. El aporte de la industria aseguradora en los distintos ámbitos de la vida nacional, se resume y hace patente en la publicación de nuestro Balance Social, cuya versión 2014 estamos lanzando hoy. Este informe permite comprender mejor el momento actual del mercado del seguro y  conocerlo en su evolución durante los últimos años.  Somos, sin duda, un  pulso confiable de ciertas tendencias nacionales, que reflejan a un país que crece y busca estabilidad en áreas prioritarias, como la protección de la propiedad privada, el resguardo de las familias y la precaución ante eventos catastróficos.

Se presenta el primer estudio: La amenaza de tsunami

El mapa de riesgo sísmico y de tsunami, es una iniciativa que surgió tras la catástrofe de 2010 y constituye un trabajo inédito en Chile. Fue así como entre septiembre 2011 y marzo 2012 la AACh hizo una licitación internacional cuyas bases fueron preparadas por técnicos de las industrias y consultores externos, y contó con apoyo de la Superintedencia de Valores y Seguros.

Tras dos años desde su inicio, ayer se presentaron los resultados del trabajo respecto a uno de los riesgos: la amenaza de tsunami, que se ha desarrollado a cargo de la empresa PRDW y revisada por el profesor de la Universidad de Oregon Harry Yeh.

El estudio demuestra, por ejemplo, que las máximas velocidades de flujo están en el rango de seis metros por segundo, a 15 metros por segundo en la costa. Mientras, el tiempo de arribo de la primera onda (ola) varía entre cinco y 40 minutos, aunque en ocasiones se detecta el arribo de ondas secundarias que pueden incluso causar mayor daños que las primeras. Se observa asimismo el arribo de entre tres y 10 ondas relevantes por evento, cuyo potencial de daño se mantuvo, en ocasiones, por más de cinco horas.

Para el análisis se consideraron dos escenarios probables -el terremoto de 2010 y otro en situación más extrema-, en 11 ciudades del país: Arica, Iquique, Mejillones, Antofagasta, La Serena, Coquimbo, Quintero, Viña del Mar, Valparaíso, San Antonio y Talcahuano. Estos resultados pueden aplicarse no solo a la industria de seguros, sino también al planeamiento de esquemas de evacuación y estimaciones de muertes de personas, entre otros.