Siete años después de la crisis financiera, los bancos centrales siguen manteniendo los tipos de interés en niveles históricamente bajos. Esto ayuda a la financiación de la deuda de los gobiernos y a unos menores costes de financiamiento, así como a apoyar el crecimiento. No obstante, este tipo de acciones políticas causan represión financiera. Esto tiene un coste sustancial para los hogares y los inversores a largo plazo, como es el caso de las compañías de seguros y fondos de pensiones, de acuerdo con un nuevo informe de SWISS RE titulado ‘Represión financiera: Las consecuencias no deseadas’.
El impacto de los ingresos por intereses no percibidos en los hogares y los inversores a largo plazo es importante: solo en Estados Unidos los ahorradores han perdido alrededor de 470.000 millones de dólares en ingresos por intereses (netos) desde la crisis financiera (2008-2013). Durante el mismo período, las aseguradoras de la Unión Europea y de Estados Unidos han perdido alrededor de 400.000 millones de dólares en rendimientos de sus inversiones. Esto corresponde en la actualidad a un “impuesto” anual de aproximadamente el 0,8% del total en promedio de los activos financieros, disminuyendo la capacidad de los inversores a largo plazo para canalizar fondos a la economía real.

Guido Führer, jefe del Grupo de Inversiones Oficial de SWISS RE, explica que “además del impacto en ingresos de la cartera de inversores a largo plazo, la consecuencia para la intermediación en el mercado de capitales no es despreciable, y desplaza a los inversores debido a rendimientos artificialmente bajos o se reduce la diversificación de las fuentes de financiación de la economía real, lo que representa un riesgo para la estabilidad financiera y el potencial de crecimiento económico en general“.

Acceso al informe ‘Represión financiera: Las consecuencias no deseadas’.