Las pérdidas por desastres naturales a nivel mundial durante el primer semestre del año, tanto desde una perspectiva de pérdida económica como aseguradora se situaron por debajo del promedio de los últimos 10 años (2005-2014), según datos preliminares ofrecidos por el Impact Forecasting de AON BENFIELD, que publicó ayer su ‘Global Catastrophe Recap’. El informe determina que las pérdidas económicas fueron de 46.000 millones de dólares, un 58% menos respecto al promedio de la última década, que fue de 107.000 millones de dólares. Por su parte, las pérdidas aseguradas quedaron en 15.000 millones, un 47% menos respecto a la media de los últimos 10 años, que alcanzaron los 28.000 millones.
El porcentaje de pérdidas económicas globales que fueron cubiertas por el seguro (incluyendo tanto los aseguradores privados como los programas patrocinados por el gobierno) fue del 31%. Esta cifra es ligeramente superior a la media de los últimos 10 años, que está en un 27%, debido a que la mayoría de las pérdidas se produjeron en las regiones con mayor penetración de seguros. Por el contrario, en el caso del terremoto de Nepal, apenas un 2% de las pérdidas, que suponen miles de millones de dólares, están cubiertas por el seguro. Estadísticas como esta, puntualiza el informe, muestran cómo los modelos de catástrofe pueden jugar un papel fundamental para ayudar a la industria de seguros a entender mejor estos riesgos y buscar maneras de hacer crecer la penetración del seguro en las regiones marginadas.

Las tormentas severas han sido el tipo de desastre más costoso, que comprende el 33% de las pérdidas económicas y el 49% de la pérdida asegurada. Por regiones, una clara mayoría (un 73%) de las pérdidas aseguradas se dieron en Estados Unidos debido a una activa temporada de invierno combinado con tormentas conectivas severas durante la primavera. Le siguen Asia y Pacífico con un 14% y Europa, Oriente Medio y África con un 11% de la pérdida asegurada.

Para Steve Bowen, director asociado y meteorólogo del equipo de Impact Forecasting, “la primera mitad de 2015 ha sido más tranquila tanto desde una perspectiva del coste económico como en pérdidas asegurada desde 2006. Los eventos en estos primeros seis meses del año en gran parte son manejables para que los gobiernos y la industria. De cara al futuro, en lo que queda de año hay que vigilar el continuo fortalecimiento del fenómeno climático de El Niño, que está a punto de suceder ahora y que podría tener impacto en todo el mundo. Nos preguntamos cómo se traducirá estas pérdidas por desastres, pero es algo sobre lo que tenemos que establecer una estrecha vigilancia en los próximos meses”.