Ante la falta de atractivo en los mercados para las inversiones a largo plazo, los inversores institucionales europeos están diversificando su centro de atención y sus recursos hacia inversiones alternativas. Estas inversiones han aumentado una media de dos puntos porcentuales en este tipo de inversiones (pasando del 12% al 14%), un cambio de alrededor de 30.000 millones de euros del total de inversiones analizadas en el ‘Estudio europeo sobre inversiones en activos 2015’ de Mercer. Además, sus autores observan “una notable área de interés en la renta fija orientada al crecimiento, como deuda de mercados emergentes, créditos multiactivos y deuda privada, que utilizan cerca del 40% de planes”.

“Después de que el año 2014 sorprendiera con una caída importante de la rentabilidad de los bonos a largo plazo y un descenso del precio del petróleo, 2015 ya ha dado a los inversores temas en los que pensar. La combinación de rentabilidades bajas e incluso negativas a lo largo de algunos mercados de bonos de la eurozona, primas de riesgo modestas y el aumento de la volatilidad, crean un desafiante entorno para la generación de retorno. Para alcanzar sus objetivos, los inversores necesitarán revisar sus creencias y procesos y decantarse por clases de activos menos familiares, así como por estrategias menos restrictivas. Nuestro informe muestra algunas evidencias de que este proceso ya ha empezado”, comenta Ignasi Puigdollers, socio de Mercer. En cuanto a las inversiones alternativas, Puigdollers destaca que el estudio apunta a que “los inversores podrían estar dirigiendo la gestión activa del riesgo hacia inversiones alternativas. No obstante, hay diferencias significativas de comportamiento en función del tamaño del plan y el presupuesto de riesgo, los inversores más grandes muestran un mayor uso de gestión activa en todas las partes de su cartera junto con una tendencia a invertir mediante mandatos menos restrictivos”.

Este estudio, que analiza cerca de 1.100 fondos de pensiones de empleo a lo largo de 14 países, con inversiones por valor de más de 950.000 millones de euros, también detecta un aumento del uso de la gestión pasiva de renta variable y bonos. Esta situación, opinan sus autores, “sugiere que los inversores europeos cada vez usan más los activos alternativos como fuente de rentabilidad por habilidades del gestor (o alfa), mientras que buscan una exposición barata a activos tradicionales de renta variable y bonos (beta)”.

El informe de Mercer también ha detectado un interés creciente en factores medioambientales, sociales y de buen gobierno (ESG) entre los fondos participantes. Solo el 35% de los participantes afirmó no estar considerando estos factores este año, frente al 48% que lo manifestó en 2014. Los elementos clave detrás del interés por los factores ESG serían el potencial impacto financiero, así como la gestión del riesgo reputacional. “Los fondos están incorporando los factores ESG a diferentes niveles, pero de forma notable como parte de la selección de gestores y seguimiento, y cada vez confían más en sus asesores para comprender  el grado en que sus gestores, ya sean pasivos o activos, incorporan factores de ESG en el proceso de inversión”, concluye el socio de Mercer.