Las acciones sobre las calificaciones soberanas no se vinculan exclusivamente a un desastre natural

Informe de Fitch sobre riesgo de catástrofes en América Latina y el Caribe

El riesgo crediticio incorpora la exposición a desastres naturales, según un informe especial de Fitch Ratings sobre el riesgo de catástrofes en América Latina y el Caribe. Estas calificaciones incorporan los costes que se han heredado de desastres pasados, así como la capacidad de los gobiernos y las economías para absorber las pérdidas en los eventos futuros.

  • En la medida en que el riesgo de catástrofe ya está incluido en el nivel de calificación, es probable que las acciones de calificación deido a desastres sean extrañass. De hecho, en la historia reciente de los riesgos crediticios de América Latina y el Caribe calificados por Fitch, ninguna medida de calificación soberana puede vincularse exclusivamente a un desastre natural.

    El impacto económico derivado de las catástrofes naturales es localizado y temporal, explica la agencia, mientras que las calificaciones tienen una visión más amplia y a largo plazo. A menos que los acontecimientos sean de tal magnitud que generen presiones fiscales sostenidas en el tiempo o una dinámica adversa de la deuda, es probable que los efectos indirectos se disipen en una fase temprana del horizonte de previsión, y que todo lo demás sea igual. Además, el estímulo de la recuperación y la reconstrucción suele compensar en exceso de la pérdida de producción o ingresos, lo que hace difícil predecir el crecimiento y las repercusiones fiscales de los desastres.

     

    Catalizador de las debilidades crediticias

    Asimismo, como explica Fitch, en los casos en que los perfiles crediticios se han deteriorado después de un desastre, el evento en sí mismo a menudo actúa como un catalizador en lugar de la causa principal. “Las catástrofes tienden a acentuar las debilidades crediticias preexistentes, tales como la falta de flexibilidad política, opciones de financiamiento o amortiguadores fiscales. Un ejemplo de ello es Ecuador, después del terremoto de abril de 2016. Por el contrario, los soberanos con fuertes fundamentos que entran en una catástrofe suelen emerger con sus perfiles crediticios intactos. Este fue el caso en Chile después del devastador terremoto de febrero de 2010, y más recientemente en México, después de los terremotos de septiembre de 2017.

  • Índice de déficit de desastres

    El riesgo de catástrofe está determinado, por lo tanto, por el nivel de recursos disponibles para cumplir con las obligaciones contingentes relacionadas con los desastres como por la exposición a los peligros naturales que los originan. Esta relación entre la exposición y los atenuantes se refleja en el índice de déficit de desastres (DDI por sus siglas en inglés), cuya versión se calcula en el informe especial para determinados soberanos de ALC.

    La correlación entre los DDI y las calificaciones crediticias soberanas es notable: los soberanos de mayor calificación como México, Chile y Colombia también tienen altas puntuaciones de DDI (es decir, menores déficits de desastres), mientras que los soberanos de menor calificación, como Costa Rica, Ecuador y la República Dominicana, tienen una puntuación más baja en el DDI.

    Los costos fiscales de los desastres naturales ocurridos en el pasado en la región de América Latina y el Caribe varían enormemente en función de la magnitud del impacto y el tamaño de la economía.

    Tal y como explican en el informe en el caso de las economías grandes y diversificadas, el coste fiscal de la recuperación y reconstrucción para las pérdidas por catástrofes no aseguradas en la última década ha sido modesto, oscilando entre el 0,1% del gasto público general en Brasil y el 0,6% en México. Para los eventos menos frecuentes pero de mayor magnitud, tales como los huracanes que azotaron Jamaica y Centroamérica en el pasado reciente, el gasto post-desastre puede aumentar al 5%-20% del gasto de las administraciones públicas.

    No obstante, hay que recordar que muchos gobiernos soberanos de América Latina y el Caribe mantienen reservas para imprevistos, seguros de catástrofes y líneas de crédito para desastres con multilaterales para proteger los presupuestos y balances. Los altos niveles de penetración del seguro de propiedad también reducen la carga de reconstrucción que soporta el soberano. En ausencia de tales atenuantes, el coste de ‘tapar’ los déficits presupuestarios relacionados con los desastres puede ser punitivo, como ilustran varios casos recientes resaltados en este informe.