Jesús Humberto Rodríguez García, especialista de la subdirección de Garantías y Apoyos Financieros en FIRA, ha publicado en el diario ‘El Economista’ un artículo de Opinión centrado en ‘Seguros y coberturas agropecuarias, para contrarrestar la volatilidad’. En él se pone de manifiesto que México está altamente expuesto a la ocurrencia de eventos naturales catastróficos, observándose mayor frecuencia de heladas y sequías; cambios en la temporada y nivel de lluvias; así como mayor actividad ciclónica; incremento en la temperatura y mayor frecuencia de riesgos biológicos. Según el Centro de Investigación sobre la Epidemiología de los Desastres, en 2011 México ocupó el sexto lugar en incidencia de eventos climáticos, constituyéndose como uno de los países que podrían sufrir mayores afectaciones por el calentamiento global.
A todo esto, explica el experto en la tribuna, habría que considerar que un 23% de la población total se ubica en el medio rural y, de la PEA nacional, un 19%, está ubicado en este mismo sector. En este contexto, dos herramientas de política capaces de contrarrestar las fuentes de volatilidad son los seguros agrícolas y las coberturas, como los derivados climáticos.

El seguro es una herramienta para compartir los riesgos, evita que los productores sufran pérdidas económicas que podrían comprometer su viabilidad y patrimonio; sin embargo, no está al alcance de la mayoría de la población rural de bajos ingresos, ya que no existen instrumentos adecuados a las condiciones de los pequeños productores. Con excepción del Fondo de Compensación Gubernamental (Cadena), que pretende cubrir eventos climáticos de carácter catastrófico, los esquemas de seguro agropecuario se han orientado principalmente a productores con cierto nivel de tecnificación y que cuentan con crédito formal.

Algunos factores que han limitado el desarrollo de estos productos son según Jesús Humberto Rodríguez García: la escasa información disponible, una pobre percepción del riesgo y un nulo interés comercial. Un mejor manejo del riesgo, con el desarrollo de herramientas adecuadas para dispersarlo, podrían incidir en la mitigación de la pobreza de la población rural y en la capitalización de las unidades productivas.