Análisis SWISS RE

Se espera que para 2050 los agricultores de todo el mundo tengan que alimentar a 9.800 millones de personas, en comparación con los 7.500 millones que hay en la actualidad. Con suelos fértiles y un clima propicio, Centroamérica y el Caribe están en una posición única para suministrar productos agrícolas a los mercados en crecimiento en todo el mundo. No obstante, el negocio de la agricultura está expuesto a muchos peligros en la región: huracanes, sequías, inundaciones y tormentas, todo ello, además se ven incrementado con el cambio climático.

  • “Prepararse para un número creciente de inundaciones y sequías es claramente una prioridad. Plantar los cultivos adecuados y gestionarlos con nuevas herramientas digitales para la agricultura de precisión son otras de las medidas esenciales que los agricultores deben aplicar”, explica el documento elaborado por SWISS RE.

    Por ello, para establecer operaciones resistentes al clima, los agricultores de Centroamérica y el Caribe necesitan acceso a nuevas herramientas, semillas y otros insumos. Y esto requiere el apoyo de los gobiernos, las organizaciones donantes multilaterales, las ONG y el sector privado. Sin embargo, añaden, los gobiernos no podrán asumir la carga financiera de adoptar nuevas prácticas resistentes sin apoyo adicional.

    Los inversores deben ser atraídos, aquí es donde la industria de seguros puede desempeñar un papel clave: “Los aseguradores pagan, por ejemplo, en caso de pérdida de cosecha y así aseguran a los prestamistas que sus clientes seguirán siendo solventes, incluso si se produce un desastre. Esto facilita a los inversores la financiación del sector”, matiza la reaseguradora.

    Los aseguradores, los gobiernos, las ONG, las organizaciones internacionales y otros actores del sector tienen la experiencia en la gestión de riesgos para educar a los agricultores sobre cómo gestionar sus operaciones en el futuro. Todos podemos crecer juntos en esto -agricultura, seguros, finanzas y proveedores- haciendo que la sociedad en su conjunto sea más resistente no sólo en lo que respecta a la seguridad alimentaria, sino también en términos económicos.

    El Niño no ha traído lluvia...

    ... a Honduras, Guatemala o El Salvador en 2014, incluso no hubo lluvias hasta marzo de 2016. Fue la peor sequía en décadas, que se extendió durante dos años consecutivos y dejó campos resecos y embalses vacíos, explica el documento. Los jornaleros, los agricultores y la población más pobre en general se vieron especialmente afectados por el aumento de los precios de los alimentos. Casi una de cada diez personas dependía de ayudas.

    La sequía apenas había terminado en 2016, cuando el huracán Otto atravesó Centroamérica desde el Atlántico hasta el Pacífico. Esto fue notable, ya que ningún huracán había logrado atravesar Centroamérica de un océano a otro desde el huracán César-Douglas en 1996. El huracán Otto dejó un rastro de destrucción a lo largo de la frontera entre Nicaragua y Costa Rica, causando muchas vidas humanas, provocando deslizamientos de tierra e inundaciones y causando estragos en la infraestructura de ambos países. En Panamá, el huracán devastó la industria agropecuaria.

    Desafortunadamente, estos dos eventos climáticos extremos pueden ser un presagio de las cosas por venir. El grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) espera que en las próximas décadas una atmósfera cálida traiga un clima más extremo a Centroamérica y el Caribe. ¿Qué implica para la agricultura de la región, particularmente considerando que el crecimiento de esta industria será clave para la seguridad alimentaria, el empleo y la diversificación de las economías? reflexiona a modo de conclusión SWISS RE.